MENSAJE DEL CRO. DIPUTADO NACIONAL JUAN MANUEL IRRAZÁBAL
VIGENCIA DE UN COMPROMISO POR EL PROYECTO NACIONAL Y POPULAR
Han pasado casi siete años desde el inicio de la administración general del país más exitosa de las últimas décadas, con un crecimiento sin interrupciones desde 2003 a tasas promediando entre 7 y 8 por ciento anual. Es necesario irse muy atrás en la historia para encontrar un período de crecimiento tan vigoroso y tan extendido en el tiempo que a la vez haya sido acompañado de tantos avances en el campo social.
Y a no equivocarse: semejante incremento en el volumen de la producción interna, con la consiguiente creación de riqueza y puestos de trabajo, no fue el mero resultado de condiciones externas favorables o de un rebote natural de la actividad luego de la tremenda crisis que nos legaron diez años de neoliberalismo desenfrenado, sino la lógica consecuencia de un conjunto de políticas concretas, llevadas adelante con firmeza y convicción, cuyo eje es la producción, el trabajo y el interés de todos los argentinos.
Esta forma de administrar la economía nacional mostró su capacidad de hacer frente a los embates externos en la reciente crisis financiera internacional. Según un informe del Ministerio de Trabajo de la Nación, mientras que desde el inicio de la crisis en el conjunto de la economía mundial el desempleo se incrementó 50%, en nuestro país este indicador se incrementó un tercio de ese valor, 16%. Más aun, la reducción del empleo durante esta crisis internacional fue menor a la verificada en las fases contractivas de 1998, 2001 y 2002.
Estamos convencidos que el pilar fundamental de este modelo productivo es la recuperación del Estado y la política para el conjunto de los argentinos. Un Estado proactivo, que ya no es un espectador pasivo del intercambio de bienes y servicios sino que se involucra y participa en la estrategia del desarrollo mediante el aprovechamiento de los instrumentos de política económica. Un Estado que reafirma su capacidad de decisión sobre los asuntos de su competencia, que se fortalece actuando con independencia de los centros financieros internacionales y autonomía de los grupos de poder internos.
A la par del crecimiento de la producción y el empleo, llevamos adelante un verdadero proyecto democratizador, que no se agota en la defensa a ultranza de los derechos humanos, la verdad y la justicia sino que apunta sobre todo a otorgar voz y capacidades a los sectores menos favorecidos mediante la ampliación de las fuentes de información, una mejor distribución del ingreso y políticas de inclusión y mejoramiento de las condiciones de vida. Esto se ha traducido en una mayor inversión pública en educación, salud y transporte, protección universal de la niñez, jubilaciones móviles, aumento del salario mínimo, sistema de medios audiovisuales y
fútbol para todos y un sinnúmero de medidas que día a día fueron marcando este rumbo auténticamente peronista.
Trabajar en beneficio de los sectores populares implica desde el punto de vista político enfrentar decididamente a los intereses particulares de los sectores concentrados de la economía y de los factores de poder establecidos, grupos y corporaciones que están acostumbrados a usar y abusar del Estado en su propio beneficio cualquiera sea la forma o color político de la administración y empujar su agenda en la opinión pública gracias al control que ejercen sobre el dispositivo mediático y el posicionamiento oportunista de dirigentes y agrupaciones políticas cuyo predicamento en la población de otra forma sería muy escaso y marginal.
Así, en la oposición política hoy se conjugan en contra de este modelo nacional y popular el republicanismo formal y vacío de una derecha que no se cansa de defender las recetas que en todo el mundo llevaron al desastre, con el maximalismo infantil y vociferante de una izquierda que se mira al ombligo y se inclina por los lucimientos personales por sobre la construcción de acuerdos para avanzar hacia objetivos comunes. Solo muestran talento y vocación para obstaculizar las iniciativas del oficialismo, argumentando nobles motivos para limitar la pasión reformista de la administración, sin que pueda advertirse entre tanta crítica destructiva alguna idea novedosa o que el oficialismo no haya tenido ya en cuenta.
Tenemos claro que lo que se juega de cara al futuro es un proyecto político de producción, trabajo e inclusión social, y que los hombres y mujeres que hoy lo encarnan cargan con la responsabilidad de velar por la continuidad del mismo. Este es nuestro compromiso.
















